martes 01 de diciembre de 2020 - Edición Nº2715

Colegios Profesionales | 6 abr 2020

Federación Bioquímica de la Provincia

La pandemia de COVID- 19 ante las debilidades del Sistema de Salud

El coronavirus COVID-19 ha llegado para quedarse, su impacto socio - económico va a ser devastador y el alcance del mismo dependerá, no sólo de la capacidad de respuesta de organizaciones como la nuestra, sino de cómo la sociedad entienda que todo lo que teníamos como prioridad ya no lo es, todo lo que nos sostenía está deteriorándose, todo lo que nos daba seguridad y respaldo se resquebraja y pone al descubierto las infinitas limitaciones de un sistema de salud “atado con alambre”, improvisado, abandonado a las coyunturas y expuesto a sus innumerables debilidades y escasas fortalezas.


En un proceso infrenable que el 27 de febrero salió totalmente a la luz, este virus casi desconocido nos mostró que el primer mundo puede ser igual o peor al tercero cuando la sociedad cree que sólo por “pertenecer” a una supuesta élite económica y cultural, se tiene todo asegurado.

Los principios básicos de “prevención de salud” mostraron que al ser vulnerados, el efecto posterior no respeta a nada ni a nadie. Así, la zona más poderosa de Italia, la Lombardía, cayó de rodillas y expuso la cara más dramática de la tragedia. Y haciendo un retorno a las épocas del Imperio Romano, los sabios (hoy médicos) tuvieron que volver a decidir quiénes tienen que vivir y quiénes no, con criterios de dudoso valor moral, ya que el anciano sentenciado probablemente fue contagiado por el joven que el sabio puso en la lista de supervivencia.

Situación argentina

En Argentina la llegada del virus saca a relucir, por si hacía falta, que nuestro sistema de salud es un desquicio. No es culpa de las actuales autoridades, ni exclusivamente de las anteriores, sí de años de ignorarnos, de no ser parte de la agenda, de ser uno de los últimos intereses de la población, cuando todo está “supuestamente bien”.

Los expertos en Gestión en Salud siempre repiten el dicho de que “cuando uno tiene salud, no pagaría nada por ella, pero cuando la misma está en riesgo pagaría hasta lo que no tiene”.

Así años de imprevisión en lo público y de salvajismo de mercado en lo privado, nos encuentran pidiendo barbijos, antiparras, camisolines, alcohol en gel, etc, como si fuera el aire para respirar.

Asistimos a un fenómeno sin precedentes, en el que la medicina no tiene soluciones en primera instancia y debimos recurrir al distanciamiento social para conseguir prioritariamente contener lo que para unas pocas personas infectadas puede ser grave y mortal, y catastrófico para la casi tercera parte de nuestra población integrada por los más débiles de los comprovincianos que viven en la periferia, en lugares donde sus viviendas carecen de los servicios esenciales.

A eso se le suma que el rastreo de casos se torna difícil por la rapidez con que se contagia, la carencia de pruebas diagnósticas o por que la enfermedad puede ser asintomática.

Es fundamental entender que es necesaria la planificación de políticas de salud y de educación, como mínimo, caso contrario seguiremos corriendo de atrás los verdaderos problemas del sistema de salud.

Esta situación nos deja una enseñanza: debemos iniciar el camino de un sistema de salud comunitaria, menos personalizada sin abandonar esta que apunta a lo individual, pero marcando las prioridades con el mejor criterio.

Con la participación de todos los sectores que directa o indirectamente somos protagonistas, cada uno en el rol que le corresponde dispuestos a sumar para lograr el sistema de salud que los argentinos nos merecemos.

El rol del bioquímico en la pandemia

En este momento del avance de la pandemia en nuestro país, el bioquímico juega un papel crucial como integrante del equipo de salud. Aportando como siempre al diagnóstico de esta y otras patologías. Así como oportunamente lo hicimos y lo seguimos haciendo con enfermedades como dengue, Zika y la gripe H1N1.

Deberíamos haber estado un paso adelante, con la capacidad instalada disponible en distintas regiones del país, para tener diagnósticos sin atrasos y en mayor volumen. Esto nos hubiera permitido complementar al Instituto Malbrán, y así tener datos con mayor prontitud con la consiguiente posibilidad de tomar decisiones más eficientes y oportunas.

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