Edición N° 1834
Registro DNDA N° 5356168

La Plata, Buenos Aires. Argentina
Opinion
Rememoramos una nota publicada en mayo de 2017

"Un estereotipo tecnológico nos da el mundo que habitamos", por Guillermo Cavia (*)

El concepto no incluye exclusivamente a lo que hacemos cada día sino que es siempre parte de la humanidad desde el principio de los tiempos, claro es, desde que el hombre puso el pie y se puso de pie en nuestro planeta. El hombre ha tenido desde siempre las herramientas y las técnicas como elementos constitutivos de ser capaz e intentar evolucionar biológicamente, lo que le ha dado un sentido de marcha específico...


 El hombre hizo el hacha y el hacha hizo al hombre, el hombre hizo el fuego y el fuego hizo al hombre  hasta que el hombre hizo la tecnología. Y es la tecnología la que está haciendo al hombre de estos días. Lo hace a su imagen y somos tecno dependientes como parte de un proceso que nos lleva hacia nuestra propia desaparición como especie, a la vez, sabiendo que todos nos dirigimos hacia la destrucción, cosa que ocurre hasta con nuestro propio sol. Pero en su caso es natural.


La tecnología creada por la mano del hombre ha comenzado a sustituir a las familias, ha empezado a convertirse en el centro de todas nuestras realizaciones, desde educar a los niños hasta ser centro de nuestras preocupaciones diarias. Acaso no es extraño para muchos de nosotros dormir con el celular encendido y recibir mensajes en plena madrugada o perder horas de sueño para quedarnos bajo los flujos de los juegos cibernéticos.


¿Todo parece natural, pero en verdad lo es? La tecnología no es más que un estereotipo, que hace permanezcamosinsertos bajo su flujo en una sociedad donde lo más profundo del desarrollo se produce a través de los intercambios de información, porque de hecho vivimos la era de las comunicaciones. Hoy el siglo XXI nos muestra que la  comunicación no es pura responsabilidad de los medios, todo ha cambiado, llegando en muchos casos a desvirtuarse sus objetivos y convertirse en elementos manipuladores de la sociedad. Por supuesto que los medios de comunicación juegan un papel importante en el enriquecimiento social y estamos totalmente ligados a ellos, desde escuchar las noticias por la radio, hasta realizar compras vía Internet. Pero quizás sea parte del nuevo estereotipo dominante. El principio del desembarco tecnológico que hace estemos a merced.


La tecnología nos invade como los hacían los ejércitos, o incluso los propios conquistadores para cambiar lo que antes era nuestra vida y hoy nos parecen espejitos de colores. Para esa invasión se necesita distribuir, que las personas estemos consumiendo siempre, permanentemente. Se podría pensar en la tecnología como en un simple medio, como instrumentos de información que, dependiendo de cómo se instrumentalice, puede repercutir sobre la sociedad en uno o en otro sentido. Pero lejos estamos de esas perspectivas, puede decirse que del hombre prehistórico hemos pasado al homo tecno, al homo basuris tecnológico, luego al homo empresarius que hacen dinero a costa de lo que sea. Y el resto de la sociedad se ha transformado en el homo consumidoris.


Todos los procesos intelectuales se resumen al uso necesario de la tecnología en nuestros días actuales. Alejados cada vez más de los detalles. Incluso de creer que es una rareza recibir una carta escrita a mano a través del correo postal. Podría hasta decirse que la tecnología nos está haciendo menos capaces, menos inteligentes y alejados de nuestros semejantes, como si fuéramos una maquina más dentro de la propia maquinaria tecnológica. Como si se tratara de una matrix tal cual lo ha mostrado una década atrás el cine.


¿Cuántos amigos virtuales conocemos realmente, a cuántos vemos y a cuántos le conocemos los gustos o el olor de su perfume? Aún las máquinas no nos permiten esas posibilidades de simbolización. Las tecnologías nos comunican cada vez más y a la vez nos alejan cada vez más de todos. Inhibe el desarrollo del área cerebral destinada a la integración de sonidos y símbolos, nos sumerge en una regresión intelectual de consecuencias hasta ahora desconocidas porque aún es muy temprano para el momento de evaluación.


Los estereotipos tecnológicos hacen que a través de la tecnología perdamos la posibilidad de imaginar, estimular nuestra capacidad de representación simbólica, nuestras facultades de abstracción, ahora captada al ciento por ciento por las máquinas. Olvidamos lo real, cuyo fundamento debiera ser que los niños juegan mejor cuando son ellos quienes imitan los sonidos de su juego, un coche, el viento, una tormenta, el trote de un caballo.


¿Cómo llegamos al estereotipo tecnológico, cómo llegamos hasta este lugar?

Eliminando recursos. Talando. Destruyendo. Generando Negocios. Ofreciendo nuestros propios recursos por pertenecer al Tercer Mundo. Haciendo un sistema que nos auto elimina. Generando Tóxicos. Realizando cosas que desechamos. Logrando que nada lo sea para siempre. Cambiando la apariencia de las cosas. Generando moda. Transformando las cosas en obsoletas. La tecnología ha hecho un descubrimiento revolucionario, ha reemplazado la tradición y el acervo popular como mecanismo de transmisión y ha acelerado los tiempos de transmisión de información y transmisión de señales y símbolos de contenidos a una velocidad de vértigo. El anciano de antes, antiguo transmisor de saberes, cuentos y canciones a la comunidad ha perdido su papel y hoy, se sienta ante la televisión para no aburrirse. Su antigua actividad se ha visto trastocada hoy en su actual pasividad. En realidad, esta ventana electrónica, ese continuo chorro de electrones, somete y sujeta a todos, hombres, mujeres, ancianos y niños, a un bombardeo despiadado de imágenes visuales.


Los estereotipos tecnológicos nos están marcando un destino pero es exactamente aquí donde los seres humanos deberíamos establecer un límite, para que la tecnología y las comunicaciones estén a nuestro servicio y no nuestras propias vidas en servicio de esa tecnología. Que los estereotipos, como modelos de conducta se conviertan en esquemas reales arraigados en nuestras mentalidades, pero sin que perdamos la parte esencial de nuestra existencia humana. Los tiempos que corren quizás muestre un final u otro, pero si será de forma demasiada apresurada y ojalá no nos encuentre en el final de nuestra existencia antes de la existencia misma.


(*) Lic. Guillermo Cavia, Investigador del Centro de Investigación y Capacitación en Estudios de Opinión Pública (CICEOP)